29 sept 2011

Mi experiencia como Catalina Creel

El mismo lunes, saliendo de la oficina (pues sí, fui a la oficina) le dije a mi marido para ir a Urgencias, ya que la cita más próxima que habíamos logrado conseguir a través del seguro privado era para el día miércoles.  Para entonces ya me sentía muy insegura al caminar, puesto que las curvas que días antes me parecían divertidas, ahora me hacían ver ondulaciones en el suelo que me provocaban mareos... y eso NO molaba.  Al caminar me agarraba disimuladamente de las paredes o de mi marido, si lo tenía al lado, para así obtener más estabilidad.  
Llegamos a Urgencias y luego de contarles a las oftalmólogas de guardia lo que me pasaba, me hicieron la típica dilatación de pupilas para ver mi fondo de ojo.  Cuando ya había dilatado, me comenzaron a examinar y discutían y miraban, luego volvían a mirar y decían entre ellas cosas como:  "¿ves ahí la hemorragia?" o "¿alcanzas a distinguir las lesiones?" mientras yo me preguntaba en qué momento me iban a decir lo que tenía que claramente guardaba relación con las palabras "hemorragia" o "lesiones".  Se notaba, para colmo, que una de ellas era estudiante y que estaba aprendiendo la lección conmigo, por lo que me empecé a impacientar.
Cuando acabaron de observarme, simplemente me dijeron:  "Lo que tienes es una maculopatía.  Tienes unas lesiones en la mácula, que está en la retina.  Tienes que verte con el retinólogo especialista para que te diga las causas y te de un tratamiento.  Te voy a poner en el informe que te den cita en preferente.  Mientras tanto sigue con tu vida normal, pero que te den cita antes de 2 semanas."
Luego de esto me quedé tranquila, puesto que me dijeron que siga con mi vida normal.  Además, cuando fui a sacar cita con el retinólogo, me la dieron en "preferente" para 3 meses después, por lo que pensé que no sería algo para volverse loco.  Sin embargo, no quise dejar de ir a la consulta con el médico privado, sólo para tener una segunda opinión, pero eso tenía que esperar hasta el miércoles.
El martes me las arreglé para ir al trabajo.  Ya que era el ojo derecho el que me molestaba, me lo tapé con un parche al más fiel estilo de Catalina Creel.  Hasta me puse ropa que combinaba.  Pensé que se habían acabado mis problemas, pero no fue así.  Me fue genial a la hora de trabajar frente al ordenador y para caminar, pero fue ese día que entendí por qué tenemos dos ojos.  En el metro me choqué con mil personas, tiré un vaso de agua que mi ojo tapado no había visto, entre otras cosas, y me sentí, luego de tres tortazos con personas y cosas, tan torpe y tan insegura como antes (y me hizo pensar en lo incómodo que pudo ser para la actriz de Cuna de Lobos usar el bendito parche).  De todos modos lo mantuve durante ese día porque me permitió sacar mucho trabajo adelante y como la mayor parte del tiempo estaba sentada frente al ordenador, fue "sencillo".  Ya al día siguiente, le preguntaría al especialista todo acerca de lo que me estaba pasando, pues estaba segura que no iba a estar así para siempre.

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